Hace exactamente un año escribía la crónica de mi primer concierto de Ricardo Arjona en el año 2009.
Y aquí estoy, con el mismo teclado escribiéndole al tiempo, a un año de esperanza enderezada a punta de fe... Y de Espartanas Arjonianas. Y de madrugones con la radio. Y de Manuel Triviño curando heridas y dando ánimos. Y de cariño desinteresado. Y de apoyo en cada esquina de nuestro Bar Melancolía...
¿Quién me manda a ser adicta de los sueños? ¿Y porqué tanto odio a la palabra IMPOSIBLE?
Una promesa vuelve a hacer girar la noria de nuestras emociones, y finalmente lo que tanto queríamos vuelve a materializarse en forma de entradas. Todo tan caótico e incierto como de costumbre, nada que no podamos soportar.
Y Vuelo, imaginando una y otra vez el encuentro con Ellas. Lo imagino casi igual que en whatsapp o twitter: todas escribiendo a la vez y yo observando maravillada por tanta fuerza, tanta convicción y tanto amor puro, y casi no hablo para no alterar la magia.
No te preocupes, ocúpate. Y así me pasé los meses previos al concierto, con el tiempo justo para dormir lo justo... Coche de segunda mano, hipoteca, mudanza, examen de italiano, concurso de innovación, montaje de muebles, coche roto, organización de almuerzo de empresa y algunas cosas aún menos románticas. Incluso cargar con el arrepentimiento de que la responsabilidad le ganara la guerra a la espontaneidad aquel fin de semana que Sevilla abrazó a Ricardo Arjona.
Y al fin me veo amaneciendo en Madrid con mi hermana, un café y la voz de Trivi en los auriculares.
Es el gran día.
Pierdo de vista el reloj y casi no tengo batería en el móvil... Fan despistada en acción.
Agotada y todavía no hemos empezado. Ducha, vestido, tacones, maquillaje y perfume por si algún milagro nos hace coincidir.
Veo a lo lejos el punto de encuentro y acelero el paso para inmortalizar ese primer momento, ese "antes" del abrazo.
"¡Arriba Arriba!" escucho en mi mente al ver un rostro, a su lado una dulce sonrisa y no sé cómo, pero ya estoy allí envuelta en felicidad absoluta y voy de brazos en brazos llenando ese espacio que es solo de Ellas.
Y allí está la integridad en persona, también abrazándome y pendiente de todo y de todos. "Vais a saludarle" me dice. No sé qué cara se me ha quedado al escuchar esto, pero mi mente está en blanco, no consigo pensar hasta que vuelvo a establecer contacto visual con mi hermana. Yo renunciaría a favor de ella, pero no lo acepta.
Nervios en la fila para entrar, seguimos sin creer lo que tenemos delante, lo que ya prácticamente es un hecho, vamos a verle y escucharle cantar, estamos despiertas.
Fotos, vídeos, charlas. Se acerca el momento.
Todo pasa por algo... Lo más incomprensible ha puesto El Cielo a mi Favor.
Estoy con mi hermana y un grupo de guerreras incansables esperando en una escalera a pocos metros de esa voz que lleva acompañándonos a estar solas tanto tiempo.
Tengo una caja en las manos, dentro su nombre escrito en alambre azul, con un corazón de pequeñas cuentas rojas al pie, menos reluciente y perfecto que hace nueve años cuando mi ingenuidad soñaba con este momento.
Estoy en la misma estancia que Ricardo Arjona y no sé bien qué hacer. Observo todo a mi alrededor, sonrío para la foto y es como si no entendiera lo que está pasando, no lo he saludado al entrar o eso creo y me espero para ser la última en salir, para tener tiempo de darle lo que llevo en las manos y contarle lo que ya os he contado sobre este objeto.
No recuerdo cómo fue, ni si lo miré a los ojos. Solo recuerdo su voz diciendo "¡qué bonito!" y un abrazo fuerte seguido de dos besos que no sé si fue real o imaginario ni si fue en ese orden.
Sí recuerdo que salí de allí saltando como una niña, aún llevando tacones de adulta.
Vuelta a la pista y a disfrutar de sus temas presentes y pasados. "Ella", nuestro himno, mi hermana coreando "Cuando" y cada una de nuestras historias flotando en aquel lugar que fue testigo de una de las mejores noches de mi vida.
EN EL AIRE Y MÁS ALLÁ...
martes, 15 de mayo de 2018
lunes, 15 de mayo de 2017
Crónicas de una fan despistada
Tengo este texto pendiente en mi memoria desde hace mucho
tiempo, tanto como ocho años. ¿Por qué tanto tiempo? No sé bien… en aquél
entonces la euforia no me aclaraba las palabras, o quizás hubiera escrito
inútiles detalles que hubieran hecho de éste, un texto larguísimo y aburrido.
Hoy tampoco es un día de claridad mental que digamos. Pero
sí de sosiego.
Cuando tenía 19 años, estaba en la universidad, hacía 5 años
que había venido a vivir a España y mantenía mi banda sonora original medio aparcada
en el año 2003 salvo algunas recomendaciones de amigo@s y los típicos temas que
se escuchan por todos lados quieras o no. Me encantaban los amores platónicos y
las letras “cortavenas” latinoamericanas de pura cepa.
Había decidido que mi cantante favorito era Ricardo Arjona porque
sumaba el mayor número de canciones que me gustaban de un mismo artista, ni más
ni menos. Y me autoproclamé “Fan” suya. También porque tenía buenos recuerdos
de su disco “Historias” con mi hermana: tardes rayando ese cd a todo volumen,
cantando “Casa De Locos”, “Libre”, “Historia Del Portero” y uno a uno los no sé
cuántos temas que tiene el álbum (Sí, no sé cuántos temas tiene. Ni sé el año
en que salió a la venta, ni todos los títulos/letras de las canciones, o quizás
esto último sí, si lo estoy escuchando).
Sé que han saltado algunas alarmas… ¿Una “fan” que no sabe
todo eso? Ya avisé que soy despistada.
Pues resulta que a principios de 2009 un día me dio por
buscar conciertos de Ricardo Arjona en España, aunque sabía que no sonaba en la
radio y la gente a la que había preguntado jamás había escuchado su nombre o le
sonaba por “Pingüinos en la cama” con Chenoa. También sabía que mi economía de
universitaria probablemente no era apta para costearme un concierto así,
conociendo los precios de las entradas en Latinoamérica.
Para mi sorpresa Ricardo Arjona había anunciado una gira
recientemente y mi joven corazón se aceleró como cuando se acerca el chico que
te gusta y en mi cabeza retumbaba un “Tengo que ir”.
Empecé a buscar información por todos lados y di con el club
de fans en España, ya no recuerdo con quién fue la primera persona con la que
contacté, Quizás Carol, quizás Cinthia, quizás Gaby, Marta o Irene, no me
acuerdo de nada. Pero di con el grupo y vi la emoción que allí se vivía, y me
sentí identificada, me sentí parte de algo bonito e importante.
Conocí a MariCarmen y Anita, dos chicas que querían ir desde
Málaga, donde vivo, y quedamos para conocernos y plantear la posibilidad de
irnos juntas a Madrid.
No cabía en mi cuerpo de felicidad, no había día que no
buscara información y contactara con el club para saber cuándo salían a la
venta las entradas, no dejaba de sentirme afortunada.
Y entonces llegó el gran día... la cita era en Carrefour
puesto que en aquel entonces no me fiaba mucho de las compras por internet
(ahora me río), yo quería mi entrada en mano.
Me presenté allí dos horas antes de que abrieran como si un séquito
de fans fuera a estar haciendo cola para coger las mejores localidades (que,
por cierto, los precios eran asequibles) y me vi sola en la puerta de Carrefour
con un frío que pelaba en una larga espera a que abrieran las puertas, pero yo
era feliz.
Las abrieron y entré como alma que lleva el diablo
preguntando por el punto de venta y cuando llegué, no sabían quién era Arjona,
lo buscaron y no lo encontraron. Empecé a temblar y salí de allí casi corriendo
a buscar la alternativa que era Fnac, estaba perdida. Sabía que las fans, las del
club, ya habrían comprado sus entradas, o lo estaban haciendo mientras yo
esperaba paciente y desesperadamente en un asiento de autobús a llegar al
centro al punto de venta en Fnac.
Mi catastrofismo me llevó a pensar nuevamente, que miles de
fans estarían en otras ciudades de España comprando entradas a diestra y
siniestra y que me tocaría ver el show desde muy lejos. Otra vez me equivoqué.
Cuando por fin llegué y tuve que escuchar nuevamente decir a
la dependienta que no sabía quién era Arjona y “espera que lo busco”, mi pie no
paraba de dar golpecitos en el suelo, “solo me aparecen entradas para Barcelona”
(ojos abierto como platos y sangre subiéndome a la cara) “¡Ah sí!, ¡aquí esta! ¿Dónde
te quieres sentar?” (vuelta a respirar) pude comprobar que, aunque primera y
segunda fila estaban casi llenas, iba a poder ver el concierto desde muy cerca
y eso me alivió. Salí de allí con mi entrada en mano como una triunfadora.
Los días sucesivos llevaba mi cuenta atrás y volvía loco a
quien se dejaba contándole toda esta historia y compartiendo la alegría con la
gente del club. Le conté a mi amiga Carla que iba al concierto y quiso venir también,
así que empecé a buscar una entrada para ella cerca de mi localidad. Fue un
poco difícil porque la venta iba bastante avanzada, pero Cinthia me dijo que tenía
entradas y una amiga suya no iba, así que me la vendió. Yo estaba aún más feliz
si cabe.
Viaje a Madrid con MariCarmen. Esa noche cuando llegamos
quedamos con Elena, Joaquín y Alberto, pasamos una agradable noche madrileña
hablando, como no, de Ricardo Arjona.
Al día siguiente llegaron Anita y Carla, Elena vino por
nosotras al hotel y se sorprendió con la cantidad de laca que le eché a mi pelo
(jajaja).
Comimos juntas, llenas de nervios, con la sonrisa a flor de
piel, las emociones en carne viva, incrédulas aún de lo que íbamos a vivir solo
unas horas después…
Nos reunimos con el resto de miembros del club de fans en
una plaza de Madrid cercana al recinto del concierto y entonces muchos más
nombres adquirieron rostros: Carol, Faus, Maria José, Gaby, Cinthia, Marta,
Felipe, Lucía… Fue algo mágico. Estaba viviendo una experiencia única,
conociendo a esas personas a las que sentía que ya conocía de hace mucho
tiempo, con las que tenía algo en común y mucho que compartir.
El concierto lo vivimos todos, no hace falta que de
detalles, porque este texto es para ustedes y esta parte ya la conocen. Como
anécdota mía comentaré que a mi lado se sentó una chica que había viajado desde
Venezuela a España exclusivamente para ver a Ricardo Arjona. Que “Tarde” y “Te
Conozco” fueron para mí de los mejores momentos de la noche. Y bueno, porque no
se nos ocurrió desde un principio comprar las entradas juntas, no estuve sentada
con las amigas con las que había llegado hasta allí. Me habría encantado
tenerlas cerca.
Los días posteriores al concierto, el muro del club de fans
se llenó de crónicas como ésta. Me encantaba leer lo que cada uno plasmaba en
un post, la ilusión con que se vivió aquel concierto, la felicidad en letras…
Era fantástico. Yo también quería escribir, pero estaba tan emocionada que no
conseguía algo concreto que englobase todo cuanto sentía en aquel momento y fui
aplazándolo hasta hoy… (aunque el texto no es muy corto que digamos).
Mi crónica favorita fue la de Cinthia, pues comentaba que
una chica que tenía al lado le sujetaba fuertemente el brazo, y yo,
inmediatamente identifiqué a esa chica por ese gesto: era Carla, mi querida amiga
del instituto, que solía aferrarse a los brazos de los demás cuando estaba
emocionada. No pude evitar pensar que hubiera sido fantástico que se aferrara a
mi brazo.
Y fue ahí donde comenzó todo… Cuando acabó el concierto y yo
seguía formando parte de esta familia.
Cuando prometí a Elena que iría a visitarla en Zaragoza
(cosa que a día de hoy aún tengo pendiente).
Cuando por hablar de un dulce de tres leches conocí a Lucy,
Carolina y Tere, ésta última que, sin apenas conocerme, me abrió las puertas de
su casa en Barcelona y me hizo el tour de “El Problema” sin más interés que
compartir con una persona con la que tenía en común el gusto por la música de
Ricardo Arjona.
Al igual que Marta, quien me hizo de guía una noche por
Sevilla y me llevó a cenar pollo con almendras y una tarta de queso deliciosa y
a bailar salsa con su hermana y amigos.
Conocí a Gaby, con quien he tenido largas conversaciones de
veinteañeras, con quien me nombré miembro de un improvisado club “Cortavenas” en
el que compartíamos, junto con Lucy, Caro y Tere, canciones en las que piensas
que al artista sobrevivió para cantarlas. Por ellas conocí a GabyMex que
también me trató como a alguien de su familia en Madrid, en el momento de mi
vida en el que decidí ir a Italia porque mi corazón me pidió que siga el amor
por primera vez.
Han sido ocho años, un tercio de mi vida (y un poquito más) con
ustedes siendo parte irremplazable de ella, hemos crecido juntos, unas veces
más presentes, otras menos. La vida tiene sus idas y venidas, cada uno su
historia y sus problemas, pero siempre volvemos al nido a este lugar donde las
ilusiones tienen una fuerza sobrehumana, donde juntos todo lo podemos.
De pronto un día cualquiera sin esperarlo, aparece de nuevo,
él. Ricardo Arjona vuelve después de ocho años y nos brillan los ojos y
llenamos el muro del club nuevamente de sonrisas y narices de payaso, de planes
para ir a los conciertos, a más de uno si pudiera ser…
Yo quería ir con mi hermana, que nunca ha estado en un concierto suyo y le regalé la entrada por su cumpleaños adelantado, haciendo un giño a mi primera vez. A mi me la regaló el amor de mi vida. Y Lucy, Caro y Tere vendrían a verlo a Málaga con nosotras, un reencuentro más esperado que la misma gira. ¡Empezamos a hacer planes!
Y nos retan a que su música suene en la radio (porque ellos
no llegan a acuerdos económicos). ¡Claro que sí! Vamos a ello… y que sea número
1.
No hay nada tan fuerte como nuestra voluntad ni tan grande como nuestra
entrega.
Y nos ponen la primera zancadilla: Precios abusivos en las
entradas. Es jodido ir a uno solo, no hablemos de más de uno… Nos enfadamos,
pero cedemos. Demasiado tiempo esperando le gana a la indignación. Conseguimos
volver a estar de buen humor ¿cómo es posible? No sé... él tiene es efecto en
nosotros.
Seguimos tuiteando, y poniendo la radio, saltando de emoción
cada vez que suena “Ella”, haciéndonos escuchar y conocer, demostrando de lo
que somos capaces.
Y nos dan una de cal: Ricardo Arjona llama Carol y sabemos
que algo estamos haciendo bien. Que él nos ha dedicado un minuto de su tiempo y
eso es energía y motivación para nosotr@s. Podemos hacer mucho más.
Emotivo el día del lanzamiento del disco: Me desperté pronto
a poner la radio para escuchar los despertadores con los que el maravilloso
Manuel Triviño nos iba a obsequiar y no sé a ustedes, pero a mí me calaron los huesos
todas esas voces de las presidentas de los fans club de varios países, y la conocidísima
voz masculina final. Estábamos en el mismo cielo.
Sábados comiéndonos las uñas hasta conocer el resultado de
horas de sueño sacrificadas, de tiempo libre dedicado a el sueño de ver una
canción de Ricardo Arjona en la cima de una lista de éxitos en una radio
española. Y llegamos al 8 con un sabor agridulce. Qué curioso que sea el número
de años de abandono…
El tiro de gracia: Un ataque cobarde por la espalda. Un
vulgar “comunicado oficial” mal escrito, la plantilla para asesinar ilusiones,
el mazo con que romper corazones… el escudo tras el que esconderse de los
dardos que lanza el dolor, la decepción de alguien a quien has fallado, a quien
has pisoteado, a quien has faltado al respeto sin contemplaciones, a quien has
tratado como un objeto de usar y tirar.
Y vivimos la pesadilla a menos de un mes de tu llegada.
Falta de información, desesperación, desamor. Silencio. Y para qué seguir
enumerando los horrores que ya sabemos…
Estamos de luto y cada uno lo lleva a su manera, pero con el
apoyo de los demás. Carol es nuestro pilar, la valentía personificada y nosotros
somos las piezas que a su alrededor conformamos un hogar en el que tú, ¡oh
magnífico y grande Ricardo Arjona!, no pasaste a un segundo plano, sino que te
saliste de él.
Esta familia ha crecido y seguimos aquí en pie, dispuestos a
luchar por lo que podemos recuperar y a curarnos las heridas de lo irreparable.
Me quedo aquí, al calor de casa, con los buenos recuerdos, con lo que conseguimos, con todas las personas, las
de siempre y las de ahora… (no voy a poner nombres, que soy muy despistada y
seguro que me dejo a alguien, pero si te sientes identificad@ en estas líneas,
ten por seguro que estás en mi lista).
Gracias por tanto.
Adriana Calero.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
20 DE AGOSTO
Ya había pasado un año desde la primera mirada, la primera sonrisa, el primer baile, desde ese día en que nos conocimos.
Ya había pasado un año desde aquel "Hola Bailarín", de aquellos días de biblioteca y comidas rápidas antes del trabajo; de fiestas nocturnas, de música y mojitos de litro y tequila del malo.
Ya había pasado un año desde los días de despedidas, las tardes de partidos de fútbol, las noches durmiendo en la playa.
Ya había pasado un año de las esperas en la parada del autobús, los primeros suspiros, las primeras caricias, del primer beso, del segundo y de los demás.
Ya había pasado un año desde esos días de dudas, de dejarse llevar, de lanzarse al vacío.
Ya había pasado un año desde la feria, cuando soñaba ir sola con él de la mano, cuando me hirió el orgullo y el corazón, cuando le escribí aquella nota.
Ya había pasado una año desde esa noche de llanto y reflexión.
Ya había pasado un año desde que supo que me amaba, desde que supe que lo amaba.
Y aún no teníamos fecha de aniversario... ¿Qué importa?
Aún no había pasado pasado un año de aquel atardecer en la playa, cuando ya teníamos todo claro, cuando decidimos volver a empezar...
Ya ha pasado un año y lo sigo amando, cada día más que el anterior, cada día mejor.
Ya ha pasado un año y ni la distancia, ni el miedo han podido separarnos.
Ya ha pasado un año y sé que quiero pasar el resto de mis años con él.
Ya había pasado un año desde aquel "Hola Bailarín", de aquellos días de biblioteca y comidas rápidas antes del trabajo; de fiestas nocturnas, de música y mojitos de litro y tequila del malo.
Ya había pasado un año desde los días de despedidas, las tardes de partidos de fútbol, las noches durmiendo en la playa.
Ya había pasado un año de las esperas en la parada del autobús, los primeros suspiros, las primeras caricias, del primer beso, del segundo y de los demás.
Ya había pasado un año desde esos días de dudas, de dejarse llevar, de lanzarse al vacío.
Ya había pasado un año desde la feria, cuando soñaba ir sola con él de la mano, cuando me hirió el orgullo y el corazón, cuando le escribí aquella nota.
Ya había pasado una año desde esa noche de llanto y reflexión.
Ya había pasado un año desde que supo que me amaba, desde que supe que lo amaba.
Y aún no teníamos fecha de aniversario... ¿Qué importa?
Aún no había pasado pasado un año de aquel atardecer en la playa, cuando ya teníamos todo claro, cuando decidimos volver a empezar...
Ya ha pasado un año y lo sigo amando, cada día más que el anterior, cada día mejor.
Ya ha pasado un año y ni la distancia, ni el miedo han podido separarnos.
Ya ha pasado un año y sé que quiero pasar el resto de mis años con él.
domingo, 19 de mayo de 2013
25 de Mayo
25 de Mayo nunca fue una fecha particularmente especial. En 2012 era un día cualquiera de la primavera; buen clima, había ido a la peluquería y tenía la última fiesta en casa antes de los exámenes de junio.
Sin embargo un día cualquiera puede cambiarlo todo. Desde tu ánimo, hasta tu vida al completo. Y así fue como el 25 de Mayo dejó de ser un día más, para convertirse en un gran día.
A veces no te das cuenta en el momento de lo relevante que te ocurre, quizás necesitas tiempo para asimilar las cosas, y cuando después miras hacia atrás, entonces abres los ojos y descubres que algo o alguien en un instante de la línea temporal le dio un giro a los acontecimientos, o quizás un sentido a todo.
Es cierto que no siempre son cosas buenas, pero a veces las cosas malas son solo la antesala de la felicidad, de la tranquilidad, de la seguridad. No se pueden juzgar los acontecimientos individualmente, es mejor verlos en un contexto para no ser injustos.
No digo que tengamos que aprobar todo cuanto nos ocurre, y sufrir cual mártires, pero hay que saber diferenciar cuándo, por qué y para qué ha sucedido tal o cual circunstancia y sacar el máximo aprendizaje para un futuro.
Ha sido un año de nuevas experiencias y emociones, de descubrimiento personal. Me he visto capaz de superarme cada día, de aprender de mis errores y aciertos, de perdonar y perdonarme a mí misma por todos esos granos de arena convertidos en el Everest; de entender que somos humanos y que aprendemos a vivir cada día, experimentando, nadie sabe como, y por eso existen los nuevos comienzos.
Llevo un tiempo, quizás más de un año pensando en estas cosas y sé que cada día se cumple un año con el mismo día del año anterior, pero resulta que el 25 de mayo de hace un año alguien lo invitó a mi fiesta, alguien lo llamó para que viniera a tiempo, él decidió venir, yo abrí la puerta y me encontré por primera vez con sus ojos, me ofreció una silla y bailó conmigo.
Y a partir de ahí suceso tras suceso se fue construyendo mi año, uno de los más bonitos y enriquecedores. Desde ese 25 de mayo que lo vi por primera vez, que podía haber sido un día más, irrelevante, sin importancia, pero por alguna razón llegó a mi casa después de tanto buscarlo, cuando había dejado de hacerlo... Al fin lo encontré.
El 25 de Mayo conocí a quien es y será el gran amor de mi vida.
Sin embargo un día cualquiera puede cambiarlo todo. Desde tu ánimo, hasta tu vida al completo. Y así fue como el 25 de Mayo dejó de ser un día más, para convertirse en un gran día.
A veces no te das cuenta en el momento de lo relevante que te ocurre, quizás necesitas tiempo para asimilar las cosas, y cuando después miras hacia atrás, entonces abres los ojos y descubres que algo o alguien en un instante de la línea temporal le dio un giro a los acontecimientos, o quizás un sentido a todo.
Es cierto que no siempre son cosas buenas, pero a veces las cosas malas son solo la antesala de la felicidad, de la tranquilidad, de la seguridad. No se pueden juzgar los acontecimientos individualmente, es mejor verlos en un contexto para no ser injustos.
No digo que tengamos que aprobar todo cuanto nos ocurre, y sufrir cual mártires, pero hay que saber diferenciar cuándo, por qué y para qué ha sucedido tal o cual circunstancia y sacar el máximo aprendizaje para un futuro.
Ha sido un año de nuevas experiencias y emociones, de descubrimiento personal. Me he visto capaz de superarme cada día, de aprender de mis errores y aciertos, de perdonar y perdonarme a mí misma por todos esos granos de arena convertidos en el Everest; de entender que somos humanos y que aprendemos a vivir cada día, experimentando, nadie sabe como, y por eso existen los nuevos comienzos.
Llevo un tiempo, quizás más de un año pensando en estas cosas y sé que cada día se cumple un año con el mismo día del año anterior, pero resulta que el 25 de mayo de hace un año alguien lo invitó a mi fiesta, alguien lo llamó para que viniera a tiempo, él decidió venir, yo abrí la puerta y me encontré por primera vez con sus ojos, me ofreció una silla y bailó conmigo.
Y a partir de ahí suceso tras suceso se fue construyendo mi año, uno de los más bonitos y enriquecedores. Desde ese 25 de mayo que lo vi por primera vez, que podía haber sido un día más, irrelevante, sin importancia, pero por alguna razón llegó a mi casa después de tanto buscarlo, cuando había dejado de hacerlo... Al fin lo encontré.
El 25 de Mayo conocí a quien es y será el gran amor de mi vida.
jueves, 2 de mayo de 2013
ABRIL DULCE
Abril vuelve con las caricias de su brisa, con su cálido sol, con ese alegre rumor en la sangre...
Primavera, amiga mía, como siempre traes la risa contigo, la fe en el renacimiento de las flores y árboles que marchitó el invierno, quien queda desterrado hasta próximo aviso, escondido en sus meses fríos, nevados, lluviosos y necesarios.
También la ropa se esconde, la piel se descubre lo justo para empezar a broncearse y mostrarse coqueta. Incluso creo ver más sonrisas en la calle, se contagia la alegría con solo oir tu nombre: Abril.
Abril dulce, invitas al paseo, a la búsqueda interna de nuestro lado aventurero, de nuestra propia locura que en realidad no es más que nuestras ganas de vivir. Regalas el clima perfecto, el escenario perfecto, los días perfectos, protagonistas de tantas letras de canciones, poemas y ovaciones.
Abril dulce también para mí, lleno de amor, de felicidad, de compañía, de despertares soleados, de tardes románticas y noches frescas; al menos unos días, al menos al principio... nada ni nadie es perfecto, y tú tampoco abril, aún así tus colores ofrecen esperanza y promesas de días mejores, tan dulces pero aún más calurosos que tú.
Primavera, amiga mía, como siempre traes la risa contigo, la fe en el renacimiento de las flores y árboles que marchitó el invierno, quien queda desterrado hasta próximo aviso, escondido en sus meses fríos, nevados, lluviosos y necesarios.
También la ropa se esconde, la piel se descubre lo justo para empezar a broncearse y mostrarse coqueta. Incluso creo ver más sonrisas en la calle, se contagia la alegría con solo oir tu nombre: Abril.
Abril dulce, invitas al paseo, a la búsqueda interna de nuestro lado aventurero, de nuestra propia locura que en realidad no es más que nuestras ganas de vivir. Regalas el clima perfecto, el escenario perfecto, los días perfectos, protagonistas de tantas letras de canciones, poemas y ovaciones.
Abril dulce también para mí, lleno de amor, de felicidad, de compañía, de despertares soleados, de tardes románticas y noches frescas; al menos unos días, al menos al principio... nada ni nadie es perfecto, y tú tampoco abril, aún así tus colores ofrecen esperanza y promesas de días mejores, tan dulces pero aún más calurosos que tú.
martes, 29 de enero de 2013
12 HORAS SIN LUZ
La noche del viernes se fue la luz en mi departamento, como
ya era de noche inmediatamente encendí una vela para poder tener algo de
visibilidad.
Sonreí al llevar a cabo ese gesto, me trajo un agradable
recuerdo de niñez, cuando se iba la luz en casa y mis padres encendían velas
con el mismo fin que yo.
Me acuerdo cuando nos enseñaron a pasar el dedo en mitad de
la llama, y el miedo que me producía pensar que podía quemarme… y cuando
finalmente, con los ojos totalmente
abiertos y con la respiración contenida, lo hice comprobando que, en efecto, no
causaba ningún daño.
Además contábamos alguna historia de miedo en penumbras, y
papá nos hacía dar un salto de susto con algún golpe en la mesa cuando
estábamos más atentas.
Una noche me incendié un mechón de pelo y extinguí
rápidamente el fuego, antes de que se dieran cuenta, sin daños mayores que un
olor a chamuscado y un mechón corto.
Pero sobre todo recuerdo
las ganas de que volviera la luz para poder apagar las velas de un soplo, la
discusión con mi hermana sobre quien lo haría o la carrera hasta los
candelabros en cuanto volvía la electricidad.
Tenía menos de ocho años, son recuerdos vagos… Pero
afloraron todos cuando me quedé en tinieblas. Esperé un momento a que volviera,
pero tardaba, y yo estaba sola; ni dedos cortando llamas, ni historias de
miedo, ni pequeños incendios fortuitos, ni con quién pelear por sofocar el
diminuto fuego.
Me acerqué al destello naranja y exhalé un suspiro que acabó
con el brillo, dejándome a oscuras, pero con una sonrisa infantil en los
labios.
sábado, 26 de enero de 2013
SÉPTIMO ANIVERSARIO
Hoy es tu séptimo aniversario y no puedo evitar sentirme aún
más orgullosa de ti y del logro de este día.
Revivo el alivio de mis más profundos miedos y la esperanza
de que todo saliera bien.
Agradezco que hoy puedas contarme una y otra vez con lujo de
detalles, e infinita pasión, las mismas historias de siempre, sin cansarme
nunca de escucharlas.
Me gusta el rumbo psicológico que toman a veces tus palabras
y acciones desde entonces.
Amo tus chistes terriblemente malos, tu avidez de
conocimientos, tu exquisita cultura general construida a base de curiosidad
insaciable, y amo el “recuerda que te estoy pensando”, el “aprende a caminar
antes de correr”, el “primero lo primero” y el “solo por
hoy…”.
Tus fondos oscuros que me han llenado de pena y angustia, me
hacen creer en la solidez de tus convicciones actuales.
Estoy segura de que soy quien soy, en parte por quien tú eres, y que desde hace siete
años soy una persona mejor.
Porque aquella noche no solo cambió tu vida sino también la
mía, ambos volvimos a empezar.
Y aunque aún me inquietan inoportunos pensamientos de
vez en cuando, consigo calmarme al recordar que no cambiarías mi sonrisa por
NADA del mundo.Te amo.
25-01-2013
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