EN EL AIRE Y MÁS ALLÁ...

martes, 17 de agosto de 2021

He perdido a una amiga

Estudiamos juntas en pre-escolar y fuimos las mejores amigas allí.

Estuve en su fiesta de 5 años, la fiesta más rosa que había visto hasta entonces.

Tenía muchas fotos de nosotras juntas que me gustaban, en especial una en la que aparecemos cogidas de la mano con nuestros mandiles de escuela bordados con nuestros nombres y la inocente sonrisa de la niñez con toda una vida por delante.

No recuerdo mucho de lo que hablábamos o nuestros juegos, apenas recuerdo un día en el que volvíamos a casa después de un día en alguna piscina, no sé cual, y caminábamos charlando, tampoco sé de qué, pero nos veo claramente riendo y me recuerdo pensando que aunque solo tenía un año más que yo, la veía casi como a un adulto, con mucho respeto y admiración.
La recuerdo formal, sencilla, tranquila y con un toque de misterio en su sonrisa sin enseñar los dientes a sus escasos 5 años.

Tiempo después cambié de colegio y cada una siguió su camino. Aunque vivíamos en la misma ciudad, no recuerdo que nos juntásemos mucho. La vida aún me llevó más lejos al cambiar de país y en algún momento del auge tecnológico nos reencontramos en redes sociales.
No solíamos hablar, pero estábamos allí, sabía lo que hacía, al menos lo que publicaba y cómo le iba la vida y era suficiente.

En 2017 me escribió emocionada, viajaría a España para estudiar un Máster y quedamos en reencontrarnos y repetir aquella foto de los mandiles de hace más de un cuarto de siglo.

En 2018 se alinearon los planetas y el 10 de mayo nos vimos después de tanto tiempo en el Wizink Center de Madrid, íbamos a un concierto de Arjona.

Fue como volver a tener 5 años un instante, nos abrazamos y quedamos al terminar el concierto.

Esa noche repetimos la foto, nos cogimos de la mano y sonreímos con la esperanza de la juventud en toda una vida por delante.

Hablamos, viajamos en metro de madrugada y vivimos algunas anécdotas divertidas con l@s amig@s que nos acompañaban. Bebimos cervezas, comimos algo, bailamos y nos despedimos por la mañana pensando que nos veríamos en Málaga antes de su regreso a Ecuador.

Pero esa fue la última vez que la vi.

Ayer recibí la triste noticia de su fallecimiento a causa del Covid19 y me ahoga una mezcla de sentimientos que no soy capaz de expresar, me surgen ideas y dudas sobre la vida y la muerte… Tenemos tan asumido el día de mañana, que a veces malgastamos el hoy en preocupaciones sin sentido y en acciones vacías.

Hacen falta más reencuentros, más abrazos, más cariño, más empatía, más compasión, en definitiva, más amor.

Buen viaje, amiga.

Feliz eternidad.

09/07/2021

martes, 22 de septiembre de 2020

Otoño 2020

 32 años enfundados en un pijama de corazoncitos, hay cosas que no cambian...

¿Qué decir de este año que no se haya dicho ya? 

Suerte la mía, de un confinamiento plácido, con amor, con salud, con trabajo.
Viendo aguas azules y saladas hasta el horizonte,  solitarias día tras día.
Agudizando el ingenio para resolver los pequeños problemas, las nuevas necesidades.
Sintiendo el tiempo más que antes, deseando salir más que antes, queriendo hacer fuera todo aquello que antes aplacé con la esperanza de un nuevo día, o quizás, con la arrogancia de creer que es posible controlar lo que pasará mañana o dentro de una semana aún sabiendo que todo puede pasar, o no.

Una nueva normalidad a la que adaptarse, una realidad a la que abrazar.

¿Qué decir de este verano inusual?

Hablo por mí, una vez más, afortunada de compartirlo con mi familia y amigos.
Precaución y recelo, mascarillas y gel hidroalcohólico, choque de codos en lugar de besos, y sin embargo, más ganas de reunirse.
Salimos una vez más a vivir, a sentir el sol en la piel, el viento moviéndonos el pelo, el ruido en las calles después de tanto silencio, a sentir la vida misma tras los meses de reflexión.

Hoy empieza el otoño, la noche es más fresca, huele a tierra húmeda.
Vuelve a haber menos gente en la calle, menos que en verano, menos que cuando solo podíamos salir una hora al día.
Los nuevos deportistas de Mayo guardaron las zapatillas y vuelven a confiar en mañana.
Y yo, con los pies helados mientras escribo, no quiero confiar, quiero vivir.

Otoño, no me sorprendas... esta vez quiero sorprenderte yo a ti.

lunes, 10 de agosto de 2020

Café con leche

 No hago muchos ejercicios de memoria, pero hoy un café en la cafetería de la estación me llevó de paseo por el pasado, un instante.

Me vi sentada en un mesa cercana esperando...
Tampoco soy de madrugar mucho, como hoy, pero a veces debes hacerlo y otras veces simplemente quieres.
Aquella vez quería. 

Eché sacarina a mi café, esta vez no era azúcar. Esta vez no leí frases en los sobres, ni recordé la de aquel día, ni esperaba por alguien.
Tan solo estaba ahí tomando el café caliente sin dejar de mirar el reloj para no perder el tren, esta vez, en sentido literal.

27 de Enero del 2020

martes, 15 de mayo de 2018

Crónicas de una fan despistada II

Hace exactamente un año escribía la crónica de mi primer concierto de Ricardo Arjona en el año 2009.

Y aquí estoy, con el mismo teclado escribiéndole al tiempo, a un año de esperanza enderezada a punta de fe... Y de Espartanas Arjonianas. Y de madrugones con la radio. Y de Manuel Triviño curando heridas y dando ánimos. Y de cariño desinteresado. Y de apoyo en cada esquina de nuestro Bar Melancolía...

¿Quién me manda a ser adicta de los sueños? ¿Y porqué tanto odio a la palabra IMPOSIBLE?

Una promesa vuelve a hacer girar la noria de nuestras emociones, y finalmente lo que tanto queríamos vuelve a materializarse en forma de entradas. Todo tan caótico e incierto como de costumbre, nada que no podamos soportar.

Y Vuelo, imaginando una y otra vez el encuentro con Ellas. Lo imagino casi igual que en whatsapp o twitter: todas escribiendo a la vez y yo observando maravillada por tanta fuerza, tanta convicción y tanto amor puro, y casi no hablo para no alterar la magia.

No te preocupes, ocúpate. Y así me pasé los meses previos al concierto, con el tiempo justo para dormir lo justo... Coche de segunda mano, hipoteca, mudanza, examen de italiano, concurso de innovación, montaje de muebles, coche roto, organización de almuerzo de empresa y algunas cosas aún menos románticas. Incluso cargar con el arrepentimiento de que la responsabilidad le ganara la guerra a la espontaneidad aquel fin de semana que Sevilla abrazó a Ricardo Arjona.

Y al fin me veo amaneciendo en Madrid con mi hermana, un café y la voz de Trivi en los auriculares.
Es el gran día. 

Pierdo de vista el reloj y casi no tengo batería en el móvil... Fan despistada en acción.
Agotada y todavía no hemos empezado. Ducha, vestido, tacones, maquillaje y perfume por si algún milagro nos hace coincidir.

Veo a lo lejos el punto de encuentro y acelero el paso para inmortalizar ese primer momento, ese "antes" del abrazo.
"¡Arriba Arriba!" escucho en mi mente al ver un rostro, a su lado una dulce sonrisa y no sé cómo, pero ya estoy allí envuelta en felicidad absoluta y voy de brazos en brazos llenando ese espacio que es solo de Ellas.


Y allí está la integridad en persona, también abrazándome y pendiente de todo y de todos. "Vais a saludarle" me dice. No sé qué cara se me ha quedado al escuchar esto, pero mi mente está en blanco, no consigo pensar hasta que vuelvo a establecer contacto visual con mi hermana. Yo renunciaría a favor de ella, pero no lo acepta.

Nervios en la fila para entrar, seguimos sin creer lo que tenemos delante, lo que ya prácticamente es un hecho, vamos a verle y escucharle cantar, estamos despiertas.

Fotos, vídeos, charlas. Se acerca el momento. 

Todo pasa por algo... Lo más incomprensible ha puesto El Cielo a mi Favor. 
Estoy con mi hermana y un grupo de guerreras incansables esperando en una escalera a pocos metros de esa voz que lleva acompañándonos a estar solas tanto tiempo.

Tengo una caja en las manos, dentro su nombre escrito en alambre azul, con un corazón de pequeñas cuentas rojas al pie, menos reluciente y perfecto que hace nueve años cuando mi ingenuidad soñaba con este momento. 

Estoy en la misma estancia que Ricardo Arjona y no sé bien qué hacer. Observo todo a mi alrededor, sonrío para la foto y es como si no entendiera lo que está pasando, no lo he saludado al entrar o eso creo y me espero para ser la última en salir, para tener tiempo de darle lo que llevo en las manos y contarle lo que ya os he contado sobre este objeto. 
No recuerdo cómo fue, ni si lo miré a los ojos. Solo recuerdo su voz diciendo "¡qué bonito!" y un abrazo fuerte seguido de dos besos que no sé si fue real o imaginario ni si fue en ese orden.
Sí recuerdo que salí de allí saltando como una niña, aún llevando tacones de adulta.

Vuelta a la pista y a disfrutar de sus temas presentes y pasados. "Ella", nuestro himno, mi hermana coreando "Cuando" y cada una de nuestras historias flotando en aquel lugar que fue testigo de una de las mejores noches de mi vida.

lunes, 15 de mayo de 2017

Crónicas de una fan despistada

Tengo este texto pendiente en mi memoria desde hace mucho tiempo, tanto como ocho años. ¿Por qué tanto tiempo? No sé bien… en aquél entonces la euforia no me aclaraba las palabras, o quizás hubiera escrito inútiles detalles que hubieran hecho de éste, un texto larguísimo y aburrido.

Hoy tampoco es un día de claridad mental que digamos. Pero sí de sosiego.

Cuando tenía 19 años, estaba en la universidad, hacía 5 años que había venido a vivir a España y mantenía mi banda sonora original medio aparcada en el año 2003 salvo algunas recomendaciones de amigo@s y los típicos temas que se escuchan por todos lados quieras o no. Me encantaban los amores platónicos y las letras “cortavenas” latinoamericanas de pura cepa.

Había decidido que mi cantante favorito era Ricardo Arjona porque sumaba el mayor número de canciones que me gustaban de un mismo artista, ni más ni menos. Y me autoproclamé “Fan” suya. También porque tenía buenos recuerdos de su disco “Historias” con mi hermana: tardes rayando ese cd a todo volumen, cantando “Casa De Locos”, “Libre”, “Historia Del Portero” y uno a uno los no sé cuántos temas que tiene el álbum (Sí, no sé cuántos temas tiene. Ni sé el año en que salió a la venta, ni todos los títulos/letras de las canciones, o quizás esto último sí, si lo estoy escuchando).

Sé que han saltado algunas alarmas… ¿Una “fan” que no sabe todo eso? Ya avisé que soy despistada.

Pues resulta que a principios de 2009 un día me dio por buscar conciertos de Ricardo Arjona en España, aunque sabía que no sonaba en la radio y la gente a la que había preguntado jamás había escuchado su nombre o le sonaba por “Pingüinos en la cama” con Chenoa. También sabía que mi economía de universitaria probablemente no era apta para costearme un concierto así, conociendo los precios de las entradas en Latinoamérica.

Para mi sorpresa Ricardo Arjona había anunciado una gira recientemente y mi joven corazón se aceleró como cuando se acerca el chico que te gusta y en mi cabeza retumbaba un “Tengo que ir”.

Empecé a buscar información por todos lados y di con el club de fans en España, ya no recuerdo con quién fue la primera persona con la que contacté, Quizás Carol, quizás Cinthia, quizás Gaby, Marta o Irene, no me acuerdo de nada. Pero di con el grupo y vi la emoción que allí se vivía, y me sentí identificada, me sentí parte de algo bonito e importante.

Conocí a MariCarmen y Anita, dos chicas que querían ir desde Málaga, donde vivo, y quedamos para conocernos y plantear la posibilidad de irnos juntas a Madrid.

La fecha era el 26 de abril, un mal finde pues mi padre cumple años el 27 de abril. Sin embargo, fue a él a quien le dije que ese sería el concierto de mi vida y que el mejor regalo de cumpleaños para mí sería la entrada… Y así fue como mi padre renunció a verme el finde de su cumpleaños para darme mi regalo de cumpleaños por adelantado.

No cabía en mi cuerpo de felicidad, no había día que no buscara información y contactara con el club para saber cuándo salían a la venta las entradas, no dejaba de sentirme afortunada.

Y entonces llegó el gran día... la cita era en Carrefour puesto que en aquel entonces no me fiaba mucho de las compras por internet (ahora me río), yo quería mi entrada en mano.

Me presenté allí dos horas antes de que abrieran como si un séquito de fans fuera a estar haciendo cola para coger las mejores localidades (que, por cierto, los precios eran asequibles) y me vi sola en la puerta de Carrefour con un frío que pelaba en una larga espera a que abrieran las puertas, pero yo era feliz.

Las abrieron y entré como alma que lleva el diablo preguntando por el punto de venta y cuando llegué, no sabían quién era Arjona, lo buscaron y no lo encontraron. Empecé a temblar y salí de allí casi corriendo a buscar la alternativa que era Fnac, estaba perdida. Sabía que las fans, las del club, ya habrían comprado sus entradas, o lo estaban haciendo mientras yo esperaba paciente y desesperadamente en un asiento de autobús a llegar al centro al punto de venta en Fnac.

Mi catastrofismo me llevó a pensar nuevamente, que miles de fans estarían en otras ciudades de España comprando entradas a diestra y siniestra y que me tocaría ver el show desde muy lejos. Otra vez me equivoqué.

Cuando por fin llegué y tuve que escuchar nuevamente decir a la dependienta que no sabía quién era Arjona y “espera que lo busco”, mi pie no paraba de dar golpecitos en el suelo, “solo me aparecen entradas para Barcelona” (ojos abierto como platos y sangre subiéndome a la cara) “¡Ah sí!, ¡aquí esta! ¿Dónde te quieres sentar?” (vuelta a respirar) pude comprobar que, aunque primera y segunda fila estaban casi llenas, iba a poder ver el concierto desde muy cerca y eso me alivió. Salí de allí con mi entrada en mano como una triunfadora.

Los días sucesivos llevaba mi cuenta atrás y volvía loco a quien se dejaba contándole toda esta historia y compartiendo la alegría con la gente del club. Le conté a mi amiga Carla que iba al concierto y quiso venir también, así que empecé a buscar una entrada para ella cerca de mi localidad. Fue un poco difícil porque la venta iba bastante avanzada, pero Cinthia me dijo que tenía entradas y una amiga suya no iba, así que me la vendió. Yo estaba aún más feliz si cabe.

Viaje a Madrid con MariCarmen. Esa noche cuando llegamos quedamos con Elena, Joaquín y Alberto, pasamos una agradable noche madrileña hablando, como no, de Ricardo Arjona.

Al día siguiente llegaron Anita y Carla, Elena vino por nosotras al hotel y se sorprendió con la cantidad de laca que le eché a mi pelo (jajaja).

Comimos juntas, llenas de nervios, con la sonrisa a flor de piel, las emociones en carne viva, incrédulas aún de lo que íbamos a vivir solo unas horas después…

Nos reunimos con el resto de miembros del club de fans en una plaza de Madrid cercana al recinto del concierto y entonces muchos más nombres adquirieron rostros: Carol, Faus, Maria José, Gaby, Cinthia, Marta, Felipe, Lucía… Fue algo mágico. Estaba viviendo una experiencia única, conociendo a esas personas a las que sentía que ya conocía de hace mucho tiempo, con las que tenía algo en común y mucho que compartir.

El concierto lo vivimos todos, no hace falta que de detalles, porque este texto es para ustedes y esta parte ya la conocen. Como anécdota mía comentaré que a mi lado se sentó una chica que había viajado desde Venezuela a España exclusivamente para ver a Ricardo Arjona. Que “Tarde” y “Te Conozco” fueron para mí de los mejores momentos de la noche. Y bueno, porque no se nos ocurrió desde un principio comprar las entradas juntas, no estuve sentada con las amigas con las que había llegado hasta allí. Me habría encantado tenerlas cerca.

Los días posteriores al concierto, el muro del club de fans se llenó de crónicas como ésta. Me encantaba leer lo que cada uno plasmaba en un post, la ilusión con que se vivió aquel concierto, la felicidad en letras… Era fantástico. Yo también quería escribir, pero estaba tan emocionada que no conseguía algo concreto que englobase todo cuanto sentía en aquel momento y fui aplazándolo hasta hoy… (aunque el texto no es muy corto que digamos).

Mi crónica favorita fue la de Cinthia, pues comentaba que una chica que tenía al lado le sujetaba fuertemente el brazo, y yo, inmediatamente identifiqué a esa chica por ese gesto: era Carla, mi querida amiga del instituto, que solía aferrarse a los brazos de los demás cuando estaba emocionada. No pude evitar pensar que hubiera sido fantástico que se aferrara a mi brazo.

Y fue ahí donde comenzó todo… Cuando acabó el concierto y yo seguía formando parte de esta familia.

Cuando prometí a Elena que iría a visitarla en Zaragoza (cosa que a día de hoy aún tengo pendiente).

Cuando por hablar de un dulce de tres leches conocí a Lucy, Carolina y Tere, ésta última que, sin apenas conocerme, me abrió las puertas de su casa en Barcelona y me hizo el tour de “El Problema” sin más interés que compartir con una persona con la que tenía en común el gusto por la música de Ricardo Arjona.

Al igual que Marta, quien me hizo de guía una noche por Sevilla y me llevó a cenar pollo con almendras y una tarta de queso deliciosa y a bailar salsa con su hermana y amigos.

Conocí a Gaby, con quien he tenido largas conversaciones de veinteañeras, con quien me nombré miembro de un improvisado club “Cortavenas” en el que compartíamos, junto con Lucy, Caro y Tere, canciones en las que piensas que al artista sobrevivió para cantarlas. Por ellas conocí a GabyMex que también me trató como a alguien de su familia en Madrid, en el momento de mi vida en el que decidí ir a Italia porque mi corazón me pidió que siga el amor por primera vez.

Han sido ocho años, un tercio de mi vida (y un poquito más) con ustedes siendo parte irremplazable de ella, hemos crecido juntos, unas veces más presentes, otras menos. La vida tiene sus idas y venidas, cada uno su historia y sus problemas, pero siempre volvemos al nido a este lugar donde las ilusiones tienen una fuerza sobrehumana, donde juntos todo lo podemos.

De pronto un día cualquiera sin esperarlo, aparece de nuevo, él. Ricardo Arjona vuelve después de ocho años y nos brillan los ojos y llenamos el muro del club nuevamente de sonrisas y narices de payaso, de planes para ir a los conciertos, a más de uno si pudiera ser…

Yo quería ir con mi hermana, que nunca ha estado en un concierto suyo y le regalé la entrada por su cumpleaños adelantado, haciendo un giño a mi primera vez. A mi me la regaló el amor de mi vida. Y Lucy, Caro y Tere vendrían a verlo a Málaga con nosotras, un reencuentro más esperado que la misma gira. ¡Empezamos a hacer planes!

Y nos retan a que su música suene en la radio (porque ellos no llegan a acuerdos económicos). ¡Claro que sí! Vamos a ello… y que sea número 1.

No hay nada tan fuerte como nuestra voluntad ni tan grande como nuestra entrega.

Y nos ponen la primera zancadilla: Precios abusivos en las entradas. Es jodido ir a uno solo, no hablemos de más de uno… Nos enfadamos, pero cedemos. Demasiado tiempo esperando le gana a la indignación. Conseguimos volver a estar de buen humor ¿cómo es posible? No sé... él tiene es efecto en nosotros.

Seguimos tuiteando, y poniendo la radio, saltando de emoción cada vez que suena “Ella”, haciéndonos escuchar y conocer, demostrando de lo que somos capaces.

Y nos dan una de cal: Ricardo Arjona llama Carol y sabemos que algo estamos haciendo bien. Que él nos ha dedicado un minuto de su tiempo y eso es energía y motivación para nosotr@s. Podemos hacer mucho más.

Emotivo el día del lanzamiento del disco: Me desperté pronto a poner la radio para escuchar los despertadores con los que el maravilloso Manuel Triviño nos iba a obsequiar y no sé a ustedes, pero a mí me calaron los huesos todas esas voces de las presidentas de los fans club de varios países, y la conocidísima voz masculina final. Estábamos en el mismo cielo.

Sábados comiéndonos las uñas hasta conocer el resultado de horas de sueño sacrificadas, de tiempo libre dedicado a el sueño de ver una canción de Ricardo Arjona en la cima de una lista de éxitos en una radio española. Y llegamos al 8 con un sabor agridulce. Qué curioso que sea el número de años de abandono…

El tiro de gracia: Un ataque cobarde por la espalda. Un vulgar “comunicado oficial” mal escrito, la plantilla para asesinar ilusiones, el mazo con que romper corazones… el escudo tras el que esconderse de los dardos que lanza el dolor, la decepción de alguien a quien has fallado, a quien has pisoteado, a quien has faltado al respeto sin contemplaciones, a quien has tratado como un objeto de usar y tirar.

Y vivimos la pesadilla a menos de un mes de tu llegada. Falta de información, desesperación, desamor. Silencio. Y para qué seguir enumerando los horrores que ya sabemos…

Estamos de luto y cada uno lo lleva a su manera, pero con el apoyo de los demás. Carol es nuestro pilar, la valentía personificada y nosotros somos las piezas que a su alrededor conformamos un hogar en el que tú, ¡oh magnífico y grande Ricardo Arjona!, no pasaste a un segundo plano, sino que te saliste de él.

Esta familia ha crecido y seguimos aquí en pie, dispuestos a luchar por lo que podemos recuperar y a curarnos las heridas de lo irreparable.

Me quedo aquí, al calor de casa, con los buenos recuerdos, con lo que conseguimos, con todas las personas, las de siempre y las de ahora… (no voy a poner nombres, que soy muy despistada y seguro que me dejo a alguien, pero si te sientes identificad@ en estas líneas, ten por seguro que estás en mi lista).


Gracias por tanto.


Adriana Calero.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

20 DE AGOSTO

Ya había pasado un año desde la primera mirada, la primera sonrisa, el primer baile, desde ese día en que nos conocimos.

Ya había pasado un año desde aquel "Hola Bailarín", de aquellos días de biblioteca y comidas rápidas antes del trabajo; de fiestas nocturnas, de música y mojitos de litro y tequila del malo.


Ya había pasado un año desde los días de despedidas, las tardes de partidos de fútbol, las noches durmiendo en la playa.

Ya había pasado un año de las esperas en la parada del autobús, los primeros suspiros, las primeras caricias, del primer beso, del segundo y de los demás. 

Ya había pasado un año desde esos días de dudas, de dejarse llevar, de lanzarse al vacío.

Ya había pasado un año desde la feria, cuando soñaba ir sola con él de la mano, cuando me hirió el orgullo y el corazón, cuando le escribí aquella nota. 

Ya había pasado una año desde esa noche de llanto y reflexión.

Ya había pasado un año desde que supo que me amaba, desde que supe que lo amaba.

Y aún no teníamos fecha de aniversario... ¿Qué importa? 

Aún no había pasado pasado un año de aquel atardecer en la playa, cuando ya teníamos todo claro, cuando decidimos volver a empezar...

Ya ha pasado un año y lo sigo amando, cada día más que el anterior, cada día mejor.

Ya ha pasado un año y ni la distancia, ni el miedo han podido separarnos.

Ya ha pasado un año y sé que quiero pasar el resto de mis años con él.

domingo, 19 de mayo de 2013

25 de Mayo

25 de Mayo nunca fue una fecha particularmente especial. En 2012 era un día cualquiera de la primavera; buen clima, había ido a la peluquería y tenía la última fiesta en casa antes de los exámenes de junio.

Sin embargo un día cualquiera puede cambiarlo todo. Desde tu ánimo, hasta tu vida al completo. Y así fue como el 25 de Mayo dejó de ser un día más, para convertirse en un gran día.

A veces no te das cuenta en el momento de lo relevante que te ocurre, quizás necesitas tiempo para asimilar las cosas, y cuando después miras hacia atrás, entonces abres los ojos y descubres que algo o alguien en un instante de la línea temporal le dio un giro a los acontecimientos, o quizás un sentido a todo.

Es cierto que no siempre son cosas buenas, pero a veces las cosas malas son solo la antesala de la felicidad, de la tranquilidad, de la seguridad. No se pueden juzgar los acontecimientos individualmente, es mejor verlos en un contexto para no ser injustos.

No digo que tengamos que aprobar todo cuanto nos ocurre, y sufrir cual mártires, pero hay que saber diferenciar cuándo, por qué y para qué ha sucedido tal o cual circunstancia y sacar el máximo aprendizaje para un futuro.

Ha sido un año de nuevas experiencias y emociones, de descubrimiento personal. Me he visto capaz de superarme cada día, de aprender de mis errores y aciertos, de perdonar y perdonarme a mí misma por todos esos granos de arena convertidos en el Everest; de entender que somos humanos y que aprendemos a vivir cada día, experimentando, nadie sabe como, y por eso existen los nuevos comienzos.

Llevo un tiempo, quizás más de un año pensando en estas cosas y sé que cada día se cumple un año con el mismo día del año anterior, pero resulta que el 25 de mayo de hace un año alguien lo invitó a mi fiesta, alguien lo llamó para que viniera a tiempo, él decidió venir, yo abrí la puerta y me encontré por primera vez con sus ojos, me ofreció una silla y bailó conmigo. 

Y a partir de ahí suceso tras suceso se fue construyendo mi año, uno de los más bonitos y enriquecedores. Desde ese 25 de mayo que lo vi por primera vez, que podía haber sido un día más, irrelevante, sin importancia, pero por alguna razón llegó a mi casa después de tanto buscarlo, cuando había dejado de hacerlo... Al fin lo encontré.

El 25 de Mayo conocí a quien es y será el gran amor de mi vida.



jueves, 2 de mayo de 2013

ABRIL DULCE

Abril vuelve con las caricias de su brisa, con su cálido sol, con ese alegre rumor en la sangre...
Primavera, amiga mía, como siempre traes la risa contigo, la fe en el renacimiento de las flores y árboles que marchitó el invierno, quien queda desterrado hasta próximo aviso, escondido en sus meses fríos, nevados, lluviosos y necesarios.

También la ropa se esconde, la piel se descubre lo justo para empezar a broncearse y mostrarse coqueta. Incluso creo ver más sonrisas en la calle, se contagia la alegría con solo oir tu nombre: Abril.

Abril dulce, invitas al paseo, a la búsqueda interna de nuestro lado aventurero, de nuestra propia locura que en realidad no es más que nuestras ganas de vivir. Regalas el clima perfecto, el escenario perfecto, los días perfectos, protagonistas de tantas letras de canciones, poemas y ovaciones.

Abril dulce también para mí, lleno de amor, de felicidad, de compañía, de despertares soleados, de tardes románticas y noches frescas; al menos unos días, al menos al principio... nada ni nadie es perfecto, y tú tampoco abril, aún así tus colores ofrecen esperanza y promesas de días mejores, tan dulces pero aún más calurosos que tú.

martes, 29 de enero de 2013

12 HORAS SIN LUZ


La noche del viernes se fue la luz en mi departamento, como ya era de noche inmediatamente encendí una vela para poder tener algo de visibilidad.

Sonreí al llevar a cabo ese gesto, me trajo un agradable recuerdo de niñez, cuando se iba la luz en casa y mis padres encendían velas con el mismo fin que yo.

Me acuerdo cuando nos enseñaron a pasar el dedo en mitad de la llama, y el miedo que me producía pensar que podía quemarme… y cuando finalmente,  con los ojos totalmente abiertos y con la respiración contenida, lo hice comprobando que, en efecto, no causaba ningún daño.

Además contábamos alguna historia de miedo en penumbras, y papá nos hacía dar un salto de susto con algún golpe en la mesa cuando estábamos más atentas.

Una noche me incendié un mechón de pelo y extinguí rápidamente el fuego, antes de que se dieran cuenta, sin daños mayores que un olor a chamuscado y un mechón corto.

 Pero sobre todo recuerdo las ganas de que volviera la luz para poder apagar las velas de un soplo, la discusión con mi hermana sobre quien lo haría o la carrera hasta los candelabros en cuanto volvía la electricidad.

Tenía menos de ocho años, son recuerdos vagos… Pero afloraron todos cuando me quedé en tinieblas. Esperé un momento a que volviera, pero tardaba, y yo estaba sola; ni dedos cortando llamas, ni historias de miedo, ni pequeños incendios fortuitos, ni con quién pelear por sofocar el diminuto fuego.

Me acerqué al destello naranja y exhalé un suspiro que acabó con el brillo, dejándome a oscuras, pero con una sonrisa infantil en los labios.


sábado, 26 de enero de 2013

SÉPTIMO ANIVERSARIO


Hoy es tu séptimo aniversario y no puedo evitar sentirme aún más orgullosa de ti y del logro de este día.
Revivo el alivio de mis más profundos miedos y la esperanza de que todo saliera bien.

Agradezco que hoy puedas contarme una y otra vez con lujo de detalles, e infinita pasión, las mismas historias de siempre, sin cansarme nunca de escucharlas.
Me gusta el rumbo psicológico que toman a veces tus palabras y acciones desde entonces.

Amo tus chistes terriblemente malos, tu avidez de conocimientos, tu exquisita cultura general construida a base de curiosidad insaciable, y amo el “recuerda que te estoy pensando”, el “aprende a caminar antes de correr”, el “primero lo primero”  y el “solo por  hoy…”.

Tus fondos oscuros que me han llenado de pena y angustia, me hacen creer en la solidez de tus convicciones actuales.
Estoy segura de que soy quien soy, en parte  por quien tú eres, y que desde hace siete años soy una persona mejor.

Porque aquella noche no solo cambió tu vida sino también la mía, ambos volvimos a empezar.
Y aunque aún me inquietan inoportunos pensamientos de vez en cuando, consigo calmarme al recordar que no cambiarías mi sonrisa por NADA del mundo.

Te amo.

25-01-2013



martes, 22 de enero de 2013

UN PASEO BAJO EL PARAGUAS...


Que día tan frío el día de hoy...
Gris, lluvioso y corre un gélido aire que enfría hasta los recuerdos.

Es increíble cómo la ciudad puede hacerte variar de ánimo, traerte tantos sentimientos en cada paso que das, algunos buenos con sus sonrisas y otros no tan buenos que también buscan refugio en las líneas de tu rostro.

Odio salir cuando llueve, pero hoy no me ha molestado especialmente quizás porque necesitaba el aire de fuera. ¡Qué fácil me resulta encerrarme en cuatro paredes y qué gratificante volver a sentir la luz del día! Aunque sea opaca como la de hoy.

He dado un buen paseo, por llamarlo de alguna forma. En parte por cumplir con obligaciones y necesidades que son lo que últimamente me conecta con el mundo exterior, en parte porque sé que no quiero estar en casa todo el tiempo.

Me gusta el movimiento del autobús, ese indiferente transporte en el que he recorrido el mismo camino una y otra vez con diversos motivos. Y mientras observo por la ventanilla transparente, vienen a mí los fotogramas de escenas pasadas en ciertos lugares del recorrido, a veces un poco más lejos y a veces, más cerca, en los asientos de al lado del mío.

Cuando llego a mi parada y empiezo la marcha puedo verme sentada entre risas con mis amigos en un bar, divertida y despreocupada, o quizás veo tensión e incertidumbre en mi rostro porque unos pasos delante está el chico que me gusta y trato de aparentar desinterés. Aparto con una sonrisa tonta el recuerdo y sigo mi camino colmado de cientos de escenas diferentes.

Me veo sentada en una escalera esperando a mi jefe; me veo caminando hacia la biblioteca de económicas mirando de reojo a mi acompañante; me veo sentada en la Plaza de la Merced alguna noche de primavera, indecisa, y otra noche de verano, totalmente resuelta; me veo caminando con prisas una y otra vez en muchas direcciones; me veo en la calle Larios apretando los dientes para olvidar el dolor de pies tras varias horas de tacones; me veo en calles llenas de gente y luego me veo esas mismas calles vacías; me veo en las paradas de autobuses a todas horas mostrando toda una gama de emociones...

Tantos años en ésta ciudad y al menos la mitad de mis recuerdos recorriéndola son del año pasado; o quizás son esos los más intensos, los más felices, los menos solitarios, los que me sacaron de mi burbuja.

Realmente no anidan tantas cosas malas en mis líneas de expresión, pues sonrío incluso a las menos afortunadas.

Éstas calles atesoran fracciones de mi vida y yo por siempre atesoraré éstas calles.


sábado, 19 de enero de 2013

PENSAMIENTO VERANIEGO (2012)


Llevo un verano muy intenso… en realidad, todo el curso ha sido intenso, lleno de emociones conocidas y desconocidas pero en su mayoría buenas.

He tenido que hacer frente a muchas situaciones, que cumplir obligaciones, que organizarme el tiempo para hacer todo cuanto quería sin perder un segundo, sin descanso… y la verdad siento que me está pasando factura, más creo que ha valido la pena todo.

Este año he sido particularmente feliz, pero creo que el mejor día fue el de la fiesta pre-exámenes. Aquel día era feliz como los niños, sin ningún motivo.

Siento cansancio físico, mental, incluso cansancio emocional… ¿se puede sentir eso?
He abierto tanto la mente y el corazón que ya no puedo cerrarlos, ni quiero hacerlo porque he conocido el sabor del desahogo y es sumamente agradable.

Creo que ahora mismo estoy un poco desconectada de la realidad, aún asimilando la cantidad de cosas que han pasado estos meses a una velocidad vertiginosa, casi sin tiempo para pensar: el “todo o nada”, el “ahora o nunca”, el “lo tomas o lo dejas”, el vivir como si no hubiera mañana… 
Esos pensamientos que me han desarmado los miedos devolviéndome la libertad de elegir lo que realmente quiero sin pensar en los demás, sino en mí y en mí y en nadie más que en mí. 


DEUDAS


Últimamente he leído mucho esa frase que dice que la vida es tan buena maestra, que si olvidas una lección te la repite.

Debería haber una frase, o una continuación de ésta que diga: Si no entiendes porqué alguien te ha hecho algo, o no puedes perdonarlo, te pone a ti en la misma situación.
Claro que ya existe “No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti.” ¿Pero qué pasa si en un determinado momento haces algo que no sabes que no quieres que te hagan?

Solo cuando te ves en los zapatos del otro comprendes su angustia, sus dudas, su preocupación, incluso la felicidad o el egoísmo. Solo entonces ves los pros y contras, y lo absurdo que has sido y el daño causado y el amor perdido.

Pues sí, uno va adquiriendo deudas cada día y la vida te da la factura cuando quiere y el plazo para pagarla. Tú decides cómo… pero ésta vez decide bien.


18/12/2012.


domingo, 18 de noviembre de 2012

UNA HISTORIA COMÚN.


¿Cómo se sabe quién es la persona correcta para ti? ¿Qué pasa si la persona que amas no te ama, no te conviene, no te merece, te ama pero no te lo dice… y tú tampoco lo haces? ¿Los amores de ahora ya no son como los de antes? ¿Qué ha pasado con las personas, las relaciones, el respeto, la condescendencia, la lealtad y demás virtudes relacionadas con el amor, tan desvalorizadas hoy en día? ¿Es el mundo, es el amor o soy yo?

Pequeños detalles marcan la diferencia entre un amigo y un candidato al amor de tu vida, puedes enamorarte en dos segundos sin darte cuenta siquiera, pero el enamoramiento es solo el principio de la aventura en busca del amor.

Derrochas simpatía, sonríes y agradeces. Luego te escondes tras ese muro de frialdad para que no se vea tu corazón roto. Te lames las heridas y uno de esos días de sonrisa fingida le vuelves a encontrar… “¿casualidad o destino?” Te preguntas mientras saludas tímidamente.

Parece que no pasa nada y de pronto… detalles. Incluso a veces sonríes de verdad y te sientes tan bien que decides entrar en el juego, aún con heridas, aún con miedo. ”¿Sí o no?” Y das el paso, quieres saber más de esa persona que te ha devuelto la risa y la esperanza de ojos secos por las noches.

Nadie es perfecto, ya deberías saberlo. Y cuando es demasiado bueno no te olvides de dudar…
Y entonces te sobreviene un ataque de ansiedad, de reencuentro con tus ideas, con tus principios, con tu pasado, con todo lo que tú crees. Es sincero y te gusta, pero no te conviene y lo sabes. Te autoengañas y te autoconvences, es una prueba, pero no se puede, no se debe.

Normalidad, tan relativa palabra… ¿Qué se supone que es normal? Lo intentas y fallas, eres débil. Las heridas no cierran todavía porque el aire está contaminado. Doble filo el amor y ambos muy bien afilados.

Luego viene el conocimiento, ya sabes que esa persona te gusta, sientes el pulso variar cuando la ves y te traiciona la voz cuando le hablas, se te sonroja la piel y pones esa sonrisa que te delata.

Él lo sabe, lo sientes, lo intentas a tu manera como lo has hecho siempre, porque eso es lo que conoces, eso es lo que eres: Dulce, inexperta. Y él te muestra ese cajón cerrado que muy pocos han visto, pero solo a ratos porque tiene más miedo que tú aunque se crea lo contrario.

Ya no mojas la almohada, ni finges la sonrisa, le has dado tregua al armario y al maquillaje que vestía de felicidad a tu tristeza. Sin embargo no abandonas del todo el recuerdo porque es más seguro aferrarse a él que a la incertidumbre.

Pasa el tiempo y están juntos pero no lo están, salen juntos pero nunca solos. Él habla lo opuesto a lo que hace y hace lo opuesto a lo que dice intentando crear en ti confusión para no sentirse débil, para no admitir lo que siente, porque aún tiene muchos planes incompatibles contigo y sabe que tú estás ahí. Él se encarga de asegurarse que estés dándote lo que cree suficiente.

Y tú estás, aún en pie y sonriente, sabiendo que mereces más y que él podría dártelo pero no quiere… ¿Por qué? No lo sabes, estás segura de que te quiere para él, pero se empeña en hacerte creer que no, mientras imagina en ti a su chica ideal e intenta pulirte a su gusto.

Entonces entiendes que jamás serás lo suficientemente buena, que es incapaz de aceptar el único defecto que te ha encontrado, o que quizás simplemente se agarra a eso para no dejarse caer en ti, para mantener su posición de poder.

Pero sea cual fuere el motivo, entiendes que él no es lo que tú quieres. Tú quieres a alguien que te ame a pesar de todo, que no te juzgue, que te valore por lo que eres y no por lo que te falta…

Te sietes feliz y aliviada, no esperas nada. Él está seguro de que  podrá tenerte cuando quiera.

Un día tu sonrisa cautiva a alguien más, y sin querer, te sorprendes a ti misma también cautivada. Sin embargo no dejas de pensar en aquel corazón indeciso al que quisiste amar, y en algunos otros que te amaron y te aman y que no quieres dañar. Pero tu concepto de amor implica la felicidad del otro aunque no sea contigo, y eso te ayuda a dar el paso hacia tu propia felicidad.

 ¿Quién sabe lo que dejaste atrás? No hay cabida para arrepentimientos, solo tienes que mirar al frente hacia el nuevo camino que has elegido y hacerlo lo mejor que sabes. Darte la oportunidad de ser feliz con alguien que sabe lo que quiere… y eso que quiere eres TÚ.

lunes, 23 de julio de 2012

UNA FLOR AL AMOR DE MI HERIDA

Ha pasado mucho tiempo y al fin llegó el momento en el que no sé exactamente cuántos años, meses, semanas, días, horas, minutos y segundos han pasado.
Recuerdo sin dolor, sin odio, sin esperanza, sin preguntas... Con la sonrisa de los recuerdos infantiles, puros e inocentes; sin indiferencia, pero sin importacia.

Gran parte de la semana paso por la estación del tren, no siempre miro a la mesa de aquel bar tras la escalera, pero cuando lo hago me viene algún flash, una frase, su mirada... Unos pasos más adelante recuerdo el primer adiós, y han quitado el banco donde me senté a esperarlo para el reencuentro y en el que dijo que me echaría mucho de menos haciéndome entrar en pánico. Sin querer miro la baldosa que no llegué a pisar por estar suspendida en el aire entre sus brazos, y algún día tengo que esperar el autobús apoyada en el mismo lugar que una vez me mantuvo en equilibrio mientras él me besaba.

En casa es igual, ya no busco el rastro de su perfume, sin embargo tengo algún dejà vu de vez en cuando. Mi debilidad es la terraza, ahí donde me dijo que se estaba enganchando a mis besos, y el sofá pequeño.  No he terminado de ver aquella película. Curiosamente esos son los dos lugares en los que menos tiempo estoy, pero los que más veces me acercan los recuerdos.
 Mientras disfruto cocinando mi mente está lo bastante ocupada y mi dormitorio es tan diferente ahora que es como si nunca hubiera estado ahí; nunca hubieron fotos suyas en mis paredes pero puede que un día las haya.

La ciudad, que tuve tan abandonada, ha recuperado el color, la vida, el amor... He recorrido de nuevo esas calles, añadiéndoles recuerdos nuevos y guardando en un cajón los viejos, como siempre para recordarlos entre sonrisas algún día. Incluso he vuelto a tomar el tren, no sin un flashback de puertas cerrándose mientras un beso volado escapaba entre ellas. Los sobres de azúcar ya no traen mensajes en ese bar, y en otros bares nunca traen el nuestro.

No soy dueña del tiempo, pero sí era dueña de lo que sentía por él, y mis sentimientos se los regalé al olvido.


P.D. Inédito de Mayo del 2012.


SEGUNDO PRIMER BESO

Sutil coqueteo.

Un baile testigo, abogado, juez, cómplice y jurado del deseo común.
Una mano en el hombro, la otra en el cuello y cuando estaba lo bastante cerca, media vuelta oportuna.
Dos manos en mi cintura, su pecho pegado a mi espalda y demasiado ruido como para sentir sus latidos.
Dos breves sonrisas, dos largas miradas, la gloria en sus ojos sesenta segundos.
Tres dulces minutos tocando las nubes con el frío cosquilleo de mis incertidumbres.
Tres veces me dije, pinchando mis nubes: "hay que prevenir desastres".

Sentados en la esquina tomando un descanso, sin dejar que nuestras miradas se separasen.
Traicionan los nervios, huyen los ojos y el tiempo, como siempre, en nuestra contra.
Mas vuelve a mirarme con su bella sonrisa, posando su mano en mi rostro y un beso en mi alma.
Envuelta en sus labios, un poco confusa, me entrego a la vida sin miedo a caer.
Cesa el contacto, pero no las ganas de hallar en ese hombre lo que siempre quise.
Un beso robado como había deseado tantas veces y sin materializar aún.

Segundo primer beso.


martes, 10 de julio de 2012

Anécdota


Había un hombre en el autobús esta mañana, de pie, escribiendo en una libreta con un bolígrafo azul. Me recordó a esos días en los que yo también escribía en cualquier parte, solo sacaba mi libreta y escribía porque me resultaba urgente registrarlo todo… ahora ya no lo hago, solo escribo cuando “tengo tiempo”.

Me identifiqué con ese hombre plasmando sus miedos y dudas sobre un papel cualquiera que se convierte en confidente, en mejor amigo, en el único al que te sientes capaz de decirle todo sin tapujos.

Cuando se desocupó un asiento se sentó a mi lado y sin querer leí la primera línea de su texto: “Hoy me he sentido confuso ¿Por qué?”, decidí no seguir leyendo por respeto a su intimidad, pero quise desarrollar ese texto en mi mente, continuar ese comienzo hasta darle un final, mi final. Me volví parte de esa línea, me vi envuelta en confusión.

Giró la página al agotar el espacio y el encabezado de la siguiente página era: “No sé si ir a despedirme…”. Casualmente yo también tenía que despedirme.

Aparté mi indiscreta mirada de sus letras y volví a mi mundo, a preguntarme, a investigar que pasaba por mi cabeza, llevaba un mes de completa euforia y sabía que pronto me llegaría el bajón, que tendría que tocar la realidad y la realidad era que el principio de todo se iba… mi compañero de piso, Christoph volvía a Alemania.

 Y yo sabía desde el principio que ese momento llegaría, pero hasta que no llegó no fui consciente de las despedidas anteriores, de las despedidas futuras.

El hombre parecía más tranquilo al cerrar la libreta, se levantó y se fue dejándome a mí la prisa por llegar a casa y mojar un papel con la tinta de mi tristeza.


jueves, 7 de junio de 2012

ÚLTIMO DÍA DE CLASES UNIVERSITARIAS

Esto es también una despedida. 
Me despido de una etapa de mi vida, de "madrugar", de llegar tarde a clases, de pasar horas bostezando frente a una pizarra, de días de biblioteca con los chicos, de veranito en el módulo tres, de comidas en la cafetería o al sol, de descansos entre horas con risas entre amigos, de tartas de cumpleaños "sorpresas", de hablar mientras el profesor explica... de tantas cosas que ya estoy echando de menos con solo recordar y que hoy he hecho por última vez (supuestamente, pero oficialmente y en teoría).

No estoy triste precisamente porque es una despedida oficial, mas no real... aún me queda un año de facultad más o menos y aunque las cosas cambien sigo siendo universitaria hasta que un título me diga lo contrario.

Ahora empiezan los exámenes de junio y se presenta un mes bastante movido porque además de tener mucho que estudiar, es un mes de despedidas como comenté en mi post anterior. Es tiempo de fiestas tristes aunque intentaré cubrirme con la anestesia de los exámenes para quitarle formalidad al asunto y tomármelo con filosofía... ya se sabe lo que pienso de las distancias, lástima que aún no me haya definido suficiente con las despedidas.

Hoy soy más feliz que ayer :)


lunes, 7 de mayo de 2012

DESPEDIDAS

Cuando era pequeña odiaba las despedidas.
Era la típica que echaba lagrimitas cuando alguien se iba, aunque en realidad yo lloraba por todo. Creo que lo que realmente me gustaba era llorar, porque cuando lloras la gente te mira y si eres pequeño intentan consolarte. Supongo que me gustaba llamar la atención como a much@s niñ@s.


La verdad, en aquel entonces mis despedidas no eran tan trágicas como mis ojos decían, simplemente no me gustaba dejar de ver a las personas a las que estaba acostumbrada a ver, ni aunque fuera por poco tiempo.
Perdí a mi abuelo cuando tenía cuatro años, dejé de ver a mis amigos del pre-escolar y luego a las de primero de primaria, apenas recuerdo quienes eran o sus nombres salvo algunas excepciones, de aquella época tengo más fotografías mentales que recuerdos de escenas completas, tengo la infancia extraviada en algún lugar de mi inconsciente.


Como es normal, después, en otra escuela tuve otras amigas y de ahí sí que conservo algunos recuerdos, aunque no tantos como quisiera... Viví otras tantas despedidas seguramente, acompañadas de sus lágrimas y esos sentimientos que te oprimen el pecho cuando alguien se va, pero lo veo en mi mente tan lejano como si no hubiera ocurrido.


Un día mi madre me dijo que empezara a despedirme, pero esta vez nadie se alejaba de mí sino que, al contrario, era yo la que me iba. Fue ese día cuando empecé a imaginarme la otra cara de la moneda...
¿Sufre más quien se queda o quien se va?
No sabía cuanto tiempo estaría fuera; podían ser unos meses, unos años o para siempre... Ahora sí lloraba amargamente y a escondidas, ya no quería consuelo porque nada podría consolarme y guardaba secretamente la esperanza de que fuera mentira, de que ella se arrepintiera de arrancarme de todo cuanto conocía, de lo que era mi mundo hasta ese momento.


Y entonces cuando menos esperaba, cuando aún no me sentía preparada para afrontarlo me puso una fecha... pero no una fecha cualquiera, me dio menos de una semana para despedirme de mi vida. Tragué saliva en un desesperado intento de deshacer el nudo de mi graganta para poder respirar y me senté para no perder el equilibrio. Con la mirada perdida lamentaba mi suerte, no era capaz de imaginarme en otro lugar, con otra gente, sin los míos.


Dicen que todo pasa por algo y ahora estoy completamente de acuerdo, pero la vida tiene metodos drásticos y crueles para que, cuando te estás quejando, te des cuenta de que las cosas siempre pueden ser peor... y así, ese mismo día todavía tenía que aprender esa lección, y otras tantas, como que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde; que hay personas a las que tienes cerca y no valoras hasta que tienes que despedirte; y probablemente una de las más valiosas fue el entender que hay despedidas y "despedidas".


Todavía no encajaba bien esa primera noticia cuando volvió a sonar el teléfono... Era extraña esa familiar voz hablando desde ese número: "Adrianita, Manuel ha muerto hoy."
Tenía yo entonces 14 años y había muerto mucha gente a mi alredor a lo largo de mi vida, pero no fue hasta ese día cuando entendí la magnitud de esa palabra, lo que significaba realmente. La muerte, la despedida definitiva.


Soy totalmente incapaz de describir aquel momento... Creo que nada de lo que yo pueda decir retrataría con exactitud la escena, el shock, la sensación de estar viviendo una pesadilla, el rostro de mi hermana al saberlo, el de mi madre.


La gente suele hablar bien de los muertos, automáticamente reconocen sus virtudes y olvidan sus defectos. Todos hablan de la última vez que lo vieron con vida, algunos tienen recuerdos mejores que otros y esta vez no era la excepción. Un día les hablaré de Manuel, era un buen hombre y aunque luego salen los trapos sucios, yo no soy quién para juzgar, únicamente puedo hablar de lo que sé y mis memorias respecto a él son agradables.


Mi madre decidió cambiar la fecha del viaje para darnos un respiro, y yo que por entonces ya era una mujercita de palabra, me propuse cumplir con cierta afirmación que hice durante una conversación con el fallecido.


Según el momento, me parecía ridícula cualquier despedida. Pensaba que sólo iba a mudarme de país, podría seguir hablando con ellos, iban a estar bien y yo también, solo un poco lejos... Pero después pensaba en la muerte y en que podría arrebatármelos antes de volver a verlos, que esa podría ser la última vez, y montaba el drama de nuevo. Ya sabía distinguir entre despedidas y "despedidas". 


Lo que más me dolía sin duda era mi padre. Sentía que lo estaba abandonando a su suerte, yo, que siempre estaba pendiente de él me iba... ¿quién lo haría entonces? él me necesitaba. Tenía tanto miedo y no era infundado, yo intuía lo que pasaría, mi madre también... y ella no quería que yo estuviera ahí para verlo.


Rehusé despedirme de mis amigos salvo alguno que me acompañó hasta el final, y me despedí de mi familia porque así es como se hacen las cosas. Evité el llanto público o eso es lo que quiero recordar porque esta memoria selectiva mía me hace creer lo que le da la gana.


Partí y desde entonces las despedidas se han vuelto algo más habitual, o quizás ahora soy más consciente de todas ellas, porque hasta me parece despedida ver a alguien en la calle a quien probablemente no vuelva a ver nunca más. Ya no lloro, prefiero ser la que sonríe diciendo: "No exageres, hoy en día las distancias no existen, además dentro de nada nos volveremos a ver.", prefiero disfrutar de la compañía mientras la tengo y combatir la ausencia como me sea posible, quizás conociendo más gente de la que en algún momento tendré que despedirme.


Durante mis años de universitaria han pasado tantas personas por mi vida, cada una dejéndome algo importante y valioso... no solo un recuerdo, sino una experiencia; momentos de infinita felicidad o desdicha, ideas, amor, perdón, comprensión, apatía, intenciones, egoísmo; cosas tanto buenas como malas que me han servido para convertirme en la persona que soy, para aprender a aceptar, para entender que siempre tienes que despedirte cuando ya has obtenido lo que alguién vino a darte y agotaste todo lo que tenías para darle.


Hacía tiempo no le temía a las despedidas, pero se acerca una nueva etapa cargada de ellas. No odio los cambios, pero suele costarme mucho adaptarme a ellos cuando son grandes y ahora cambiaré una rutina por otra que desconozco y a mi me gusta pisar suelo firme. Pero esto es la vida... constante movimiento.


Este año está siendo muy especial, estoy conociendo gente de diferentes partes del mundo con mucha más frecuencia de lo normal, tengo necesidad de empaparme de toda la riqueza cultural y social que ellos pueden ofrecerme y de brindarle mi atención y compañía siempre que me es posible.


Todo empezó con Christoph, sabía que sería una convivencia diferente: papeles ecritos en tres idomas por el salón, cenas y comidas entendiéndonos en inglés y español "indio"... de él tendré que despedirme dentro de un mes. Luego Hanna con quien aprendí más de una forma de comunicarme y la primera de quien me tuve que despedir. Michal, mi "hijo", la responsabilidad y la diversión de la mano.
 Kathi, Lorenzo, Dani, Sim, Johannes, Adéla, katka, kristýna, Ian, Kamila, Carina, Anna, Alex, Amélie, Carolina, Stefano y tant@s otr@s más fugaces que algunas estrellas... 


Se me acumulan las despedidas.


PD. Este es uno de esos temas densos y complicados sobre los que no me gusta escribir por sus múltiples matices y extensión, porque no hago más que divagar sin dejar las cosas en claro. Estoy segura de que habrá segunda parte y tercera y quizás algunas más...